Está tomando bastante importancia la investigación-creación en las artes, hoy hay muchas personas que no solo se dedican a su practica en ellas, es decir músicos, actores, artistas visuales entre otros, sino que desde las artes aportan nuevo conocimiento. Hay países que se lo están tomando muy en serio con una serie de nuevos estudios artísticos, maestrías y doctorados.

Los niños de hoy están confundiendo el arte con el entretenimiento gracias en parte a la sobre saturación de medios de comunicación comerciales y obviamente de Internet, hoy los escritores son los Youtubers, los músicos programan casi toda su música y en general el “show business” acapara la atención de las nuevas mentes a las cuales esto se les presenta como arte, lo pueden ver en la sección final de los noticieros en donde hablar de cultura es hablar de espectáculos, novelas o chismes de farándula.

El entretenimiento es hermoso, sobre todo en estos tiempos de las gráficas avanzadas por computador, la inteligencia artificial, la facilidad tecnológica para montar espectáculos audiovisuales sorprendentes, pero no podemos dejar ahí estancada la producción artística de nuestro planeta. Hacen falta nuevos Mozart, nuevos Shakespeare, nuevos Gabriel García Márquez, personas que creen contenidos, que investiguen lo que hemos logrado en estos años y que aporten nuevas creaciones y nuevas teorías.

Varios factores están contribuyendo a que los jóvenes y adultos dejen su práctica artística de manera profesional para tener una serie de hobbies, el primero y más importante es el acceso a la educación, la cual si es de calidad es muy costosa y el beneficio de estudiar carreras artísticas no se ve reflejado después en el bolsillo de los artistas, los programas de mecenazgo aun hoy en la era del crowfunding no son suficientes para casi nadie y a la industria, quien es la parte económica de las artes, no le interesa nada que no sea el nuevo pop en cualquier área y lo que produzca, esto ha deteriorado la calidad de las producciones artísticas las cuales hoy se ven, se escuchan y se sienten muy fáciles, muy por encima, hechas a la medida de una sociedad que se cansa al minuto de estar viendo una pantalla y que no tiene tiempo para pensar porque está demasiado ocupada pagando sus deudas.

Preguntémonos, en cien años ¿Cuál será el legado artístico que va a representar a nuestra época? ¿Quiénes estarán en los museos? ¿Cuáles obras tocarán las orquestas? Si es que aún quedan orquestas ¿Cuáles cuadros colgarán en los museos para ser compartidos con el mundo? SI hiciéramos un barrido en las universidades y estudios de hoy habría muy poco, el arte sucumbió también a la necesidad de hacer dinero y no es visto como un constructor de conocimiento, de análisis crítico de la sociedad y hoy en día aunque parezca lo contrario, hay demasiada censura implícita en nosotros mismos, en los años de lo políticamente correcto, los artistas no se atreven a ir más allá por miedo a ser juzgados por los verdugos de las redes sociales o verse envueltos en escándalos que perjudiquen su imagen personal.

Hay que volver a acercar a nuestros niños y jóvenes a las artes y a sus prácticas, a que toquen instrumentos, a que aprendan las nuevas tecnologías, a que actúen, que pinten, que exploten sus mundos internos y su creatividad, al fin y al cabo, la creatividad es el motor que ha llevado a la humanidad a todas sus conquistas. Pero no solo a los creadores, hay que acercar a los que serán los nuevos managers, los nuevos programadores, los nuevos diseñadores de luces y escenarios, los innovadores de la escena y de la industria, porque de nada sirve seguir hablando de “economías naranjas” y desarrollos culturales, si lo único que se busca es producir dinero con espectáculos fáciles y mediocres.